martes, 11 de mayo de 2010

LAS VUELTAS QUE DA LA NORIA

José Mª García de Tuñón (*)

No descubro nada nuevo si escribo que la mayoría de las cadenas que se pueden ver en España están al servicio de este mal Gobierno que nos ha tocado sufrir. Hace poco tiempo, en una de esas cadenas que, salvo excepción, no suelo ver, tuve voluntariamente, eso sí, que soportar lo que sobre Falange decían en ese programa sectario llamado La Noria que dirige el intransigente e intolerante Jordi González. Comenzó aquél mostrándonos unas imágenes que nada tenían que ver con Falange Española de las JONS, es decir, mezclando secuencias de grupos de la ultraderecha que portaban banderas y emblemas que nunca pertenecieron al partido fundado por José Antonio, pero que a Jordi le daba lo mismo, el caso era manipular la Historia algo que, por otro lado, dudo mucho que el indocumentado Jordi conozca. Una señorita, manipuladora ella y con un gran desconocimiento asimismo de la Historia, decía, sin que le cayera la cara de vergüenza, que Falange Española de las JONS había sido el partido único de Franco olvidando el Decreto de Unificación del 19 abril de 1937; habló también del Cara al sol como el himno franquista cuando lo era de Falange Española de las JONS, y que se llegara a cantara durante el franquismo esa es otra historia; leyó asimismo una serie de ideas que nada tenían que ver con Falange Española de las JONS; se refirió a símbolos preconstitucionales en clara alusión al águila de San Juan que todavía hoy algunos grupos ultraderechistas exhiben en las banderas españolas cuando ese calificativo, tan extendido por parte de indocumentados periodistas, no saben que en el momento en que se aprobó la Carta Magna, el escudo oficial de España era y fue hasta 1981 el águila de San Juan. Estos picaros de La Noria nada dijeron de los que en sus manifestaciones en vez de portar la actual bandera española portan banderas republicanas que, por lo visto, para ellos sí son constitucionales.
Terminada esta serie de enredos, de engaños, de mentiras y lo que es peor, de falta de rigor histórico, entró en liza, en primer lugar, María Antonia Iglesias, la que, según Pedro Ruiz, necesita un exorcismo y a la que otro día el humorista le preguntaba en otro programa de La Noria: «Es puta o no es puta Vd». María Antonia Iglesias calificó el nombre de Falange Española de las JONS como «siglas esperpénticas que suenan a horror y a brutalidad». Por su parte Pilar Rahola, aquella que un día dijo a un policía que iba a ponerle una multa: «Vd. no sabe con quien está, hablando», y a la que también María Antonia Iglesias cuando estaban en campos contrarios le soltó aquello de: «eres una judía practicante, de los que predican el terrorismo militar contra los palestinos», subrayó que no se puede comparar a Falange Española de las JONS «con el Partido Comunista, ni con Carrillo, ni con los nacionalistas catalanes, Convergencia o Esquerra, que lucharon por la democracia». Después tomó la palabra Enric Sopena que fue miembro del Opus Dei y que hoy está al otro lado de la orilla combatiendo siempre que puede a la Iglesia y sus representantes a los que, incluso, llama manipuladores, es decir, ningún camello ve su propia joroba, porque en España hay muy pocos tan manipuladores como él que al igual que sus dos compañeras del cartel defendió la democracia del Partido Comunista.
Este trío está en su derecho, faltaría más, de defender todo lo defendible y hasta lo indefendible, pero lo que no está en su derecho es el tergiversar la Historia porque no es cierto que Falange Española de las JONS fuera el partido único que gobernó durante el franquismo porque como tal dejó de existir el día del Decreto de Unificación que ya ha sido citado. Olvidó asimismo que Franco se rodeó también de políticos democristianos, monárquicos, liberales, conservadores, tradicionalistas y de otros que iban por libre y que, por supuesto, ninguna de esas corrientes tenía que ver con la Falange fundada por José Antonio, ni con el híbrido que vino después donde entraron gentes de todos los colores que nada tenían que ver con la Falange fundacional.
Han defendido sus ideas, lógicamente, y hasta han ido más allá llamando demócrata a Carrillo el de Paracuellos, al que, según el trío, la transición le debía no sé cuántas cosas, pero lo que no se entiende, al menos no lo entiendo, es que Falange Española de las JONS para ellos merezca en estos momentos el fuego eterno, además de ser ilegalizada, cuando quien de verdad trajo el cambio hacia la democracia que tenemos hoy fueron las Cortes franquistas que estaban llenas de camisas azules, aunque desconozco si quienes las vestían eran o no falangistas. Pero sí sé que fue precisamente el sobrino de José Antonio, Miguel Primo de Rivera, quien ante esas Cortes defendió el Proyecto de Ley para la Reforma Política presentada por el Gobierno de Adolfo Suárez, otro camisa azul, porque, dijo, «es la hora de la consulta». Detrás de ambos, Torcuato Fernández-Miranda, que también vistió la camisa azul. Habría que recordar a los manipuladores de la historia que la votación que vino después de la participación de Primo de Rivera, dio el siguiente resultado: 425 votos a favor, 59 en contra y 13 abstenciones con lo que el Proyecto de Ley quedaba aprobado, es decir, de esta manera se acababa con la estructura jurídica del régimen anterior. De todo esto y de los hombres que acabo de citar y otros más, nada dijeron esos tertulianos que más bien se dedicaron a contarnos mentiras o medias verdades que siempre es algo peor.
En la otra parte de la mesa estuvieron los periodistas, Isabel Durán, Ángel Rojo y uno más, cuyo nombre siento no recordar, del Grupo Intereconomía. Ninguno se declaró falangista, era claro, pero defendieron sus propios puntos de vista y, entre ellos, el convencimiento de que el partido Falange Española de las JONS no debiera de ser ilegalizado.Por último, el sectario Jordi González se acercó hasta donde estaba el representante de Falange Española de las JONS, que era como si fuera un convidado de piedra, que asombrado asistía el espectáculo lamentable que estaba ofreciendo el trío, y sin casi dejarle pronunciar palabra volvió sobre si le parecía bien la exhibición de banderas preconstitucionales. A lo que Jorge Garrido, que así se llamaba el falangista, le contestó lo que le tenía que contestar, es decir, que la Constitución se firmó bajo la bandera que portaba el águila de San Juan, que al parecer tanto obsesiona a la izquierda que les lleva a decir todas esas tontería que dicen es preconstitucional demostrando de esta manera una gran falta de cultura histórica. Después, sin casi dejarle decir una palabra más, Jordi González lo despidió, pero eso sí, con gran talante democrático.

(*) Publicado en el nº 511 de la revista El Risco de la Nava.
EL EJÉRCITO ROJO

José Mª García de Tuñón
Ahora hay unas cuantas cadenas de televisión que tienen tertulias –la política es casi siempre el tema principal–, muy interesantes. Se aprenden muchas cosas y sorprenden otras. Hace algunos días en Telemadrid se hablaba de la Guerra Civil española cuando Casimiro García-Abadillo, creo que fue este periodista, en un momento hizo alusión al «Ejército Rojo». Para crear tensión en la tertulia, siguiendo las enseñanzas de ZP cuando hablaba de «dramatizar» porque era bueno para los socialistas, su compañero de velada el historiador y catedrático de Ciencias Políticas Antonio Elorza, sin casi dejarlo terminar, lo corrigió diciendo: «¡Ejército Republicano!». Podía también haber dicho «Ejército de Héroes», como escribe Carrillo, o «Ejército Popular», como dijo Pasionaria. En fin, podía haber mencionado y formulado lo que hubiera querido, cuando le tocara el turno, menos corregir a su compañero porque no estaba diciendo ninguna barbaridad. La barbaridad la estaba cometiendo el catedrático por corregir lo que estaba bien dicho
Este señor Elorza sabe muy bien que las bibliotecas y hemerotecas están llenas de referencias al «Ejército Rojo», lo que ocurre es que en ese momento prefirió provocar, es decir, crear tensión, y meterse en donde nadie lo llamaba, intentando matar la inteligencia de quien dice cosas distintas a las que uno desea que diga. El comunista Narcis Molins i Fabrega, refiriéndose a la Revolución de Asturias, ya citaba varias veces al «Ejército Rojo». El también comunista José Díaz dijo, antes de que comenzara la Guerra Civil: «Queremos una sola milicia. Ni camisas rojas ni camisas azules, una sola milicia que sea embrión del Ejército Rojo de España».
Olvidaba también el corregidor que a Ciudad Real los rojos le cambiaron el nombre por Ciudad Roja, que al Cerro de los Ángeles lo llamaron Cerro Rojo, y que a Porto Cristo (Mallorca), le pusieran el nombre de Puerto Rojo. El poeta Emilio Prados, que formó parte de la Alianza de Intelectuales Antifascistas, escribió estos versos: Vengo de Málaga roja / de Málaga roja vengo. El también poeta y ensayista Juan Gil-Albert Simón fundó en Valencia la revista de poesía El Buque Rojo que se unía a la larga lista de títulos como Frente Rojo, Alba Roja, Carriles Rojos, Heraldo Rojo, etc. Por cierto, Gil-Albert después de sufrir exilio en Méjico y Argentina, volvió a España en 1947, es decir, fue uno de tantos intelectuales que retornaron a su Patria y que al parecer los de la memoria histérica aún no se han enterado. Y, para terminar, desde la simple anécdota, decir que el Ejército Rojo tuvo un general que se apellidaba «Rojo», Vicente Rojo Lluch. O sea, la palabra «rojo» aparece por todos los lados dentro del lenguaje que la izquierda usaba en aquellos años, no sé porqué entonces molestó tanto al catedrático Elorza lo que dijo el periodista.